Siempre quise sentirme un testigo cercano de la historia, y verla devenir desde una perspectiva amplia, pero sobre todo, entender y darme cuenta del significado y la influencia de los episodios que van escribiendose en sus páginas. De hecho, en mis años de universitario en Chile y ante el permanente debate que los chilenos sostienen sobre su historia reciente, me encontré varias veces teniendo una infantil nostalgia de cosas no vividas: la truncada revolución democrática de Allende, la efervescencia de ideas y acciones por un mundo mejor y blablabla. Claro, infantil porque en mi cabeza la colección de nostalgias no incluía las dificultades, ni los momentos oscuros, y sobre todo el trágico quiebre: la terrible violencia reaccionaria de la dictadura, con sus muertos, sus desaparecidos y su terror inoculado cada día por todas las vías imaginables, durante largos diecisiete años.
Ahora resulta que me tocó nomás vivir un momento histórico, seguido de otro y otro más, en lo que se configura como un capítulo potente y determinante de la historia de Bolivia y Latinoamérica. En un contexto de caída de los “políticos tradicionales” y el ascenso de regímenes de izquierda (desde los populistas hasta los centraditos) en la región, ayer se ha votado en Santa Cruz por la aplicación inmediata de unos estatutos autonómicos que nadie sabe cómo se van a implementar (si “por la razón o la fuerza”, como dirían los amigos chilenos).
Según el taxista con el que conversaba el sábado, el tráfico que nos detenía se debía a que todos estaban de compras, preparándose para la guerra. Glup. Por fortuna eso no sucedió, y fue un dia soleado y festivo en la Santa Cruz urbana y “homogénea”. No nos matamos y eso es una victoria gigantesca del electorado cruceño. Hubo, eso sí, serios enfrentamientos en los lugares en que se habían anunciado, y vaya uno a saber cómo se vivió la jornada en la Santa Cruz periurbana e invisible. Menos mal que nadie convenció al presidente de sacar militares u otro tipo de aventuras de esa onda. En esto creo que nos ayudó el centralismo agobiante, porque ¿se imaginan tratar de hacer una cosa así en La Paz? Termina en matanza.
Obviamente, ganó el SI abrumadoramente. Un SI que en mi interpretación contiene varias respuestas: un voto castigo al gobierno (tengo amigos que han votado SI estando en contra de los estatutos porque están cansados de los errores y -sobre todo- la actitud del gobierno: se sienten agredidos y humillados); un voto por la autonomía (que ya se ganó el 2006, y que es a estas alturas un motivo de convocatoria que despierta sentimientos de hermandad y todo tipo de catarsis de masa, y que además está contribuyendo aceleradamente a dibujar -por fin- una identidad moderna del cruceño urbano); y por último un voto de aprobación al estatuto autonómico en sí. En los dos últimos casos, no deja de impresionarme lo importante que había sido la fe de las personas. La fe en sus lideres, la fe en la justicia de su causa y de sus métodos. Y con la fe no se juega. O no se debería.
¿Y ahora?
A mi modesto entender, el estatuto tal y como se aprobó ayer no puede ser aplicado de inmediato, ni en un plazo mediano, porque no se enmarca en ninguna constitución política del estado: ni en la vigente, ni en el proyecto de la AC; tampoco propone un proyecto de constitución alternativo habilitado para contener este tipo de autonomías. La única manera posible es que el estatuto en sí se convierta en una constitucioncita, pero ¿y la unidad de Bolivia?
No he visto mucho de los discursos de ayer, pero he alcanzado a escuchar varias veces esto de la unidad nacional. Falta entonces que nos expliquen cómo es que se cuida la unidad nacional con estatutos como el cruceño (no he leído los demás estatutos, pero según Carlos Bohrt, senador de PODEMOS hay algunos que sí se pueden compatibilizar con un estado nacional, que no es el caso de los estatutos cruceños).
Se habla ahora de que los estatutos no están tallados en piedra y se dice que esto servirá para negociar con el gobierno. Y se lo dice así, con la carota bien dura. Pero entonces, ¿los votos son para negociarlos? Estoy plenamente de acuerdo en la necesidad de corregir el estatuto, pero y entonces, ¿por qué el apuro para votar el documento? Y por último, y ya que estamos preguntones ¿por qué no se convocó a elegir por voto popular a las personas que redactarían el estatuto? ¿para que no se cuelen masistas? Pero entonces... ¿no que eramos democráticos?
La expectativa creada en la población es tan grande (juro que oí a Costas decir que esto es una revolución socialista), que es probable que pronto se vean surgir problemas de descontento que presionen más nuestra agitada vida política. Yo lo que me veo venir son varios meses de incertidumbre y caos administrativo y de gestión: ¿irá a pasar con toda repartición pública lo que ocurre con los SEDUCA? ¿dónde hago mis trámites? ¿a quien pago mis impuestos? Ojalá me equivoque.
El presidente anoche obviamente desconoció los resultados, pero se veía descompuesto. Y es que estos cambas habían sido cosa seria y ¡oh sorpresa! no hay tribunal constitucional que los pare. Las barrabasadas políticas del gobierno emiten ahora su factura, cuyo costo paga no solo el mismo gobierno, sino que lo pagamos todos, lo paga nuestro frágil Estado: rotas las reglas del juego, cada quien hace lo que mejor le parezca, y todos a revolcarse en el barro. Redondeando pa'bajo, digamos.
Me gustaría, como mis compatriotas, tener fe en las personas que conducen nuestra historia, fe en los metodos que se están usando. Fe en que lo que dicen es lo que es.
Pero no. No creo en lo que dicen y no apruebo lo que hacen.
lunes 5 de mayo de 2008
Cuestion de fe
Publicado por
Jose Antonio
en
12:06
Etiquetas: Bolivia, opinión, Santa Cruz
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6 comentarios:
Hola Jose,
Esto es sin duda el análisis más correcto y mejor escrito que leí, ví o oí en los últimos tiempos.
Gracias para poner tus pensamientos en palabras, me recuerdan al hecho que todavía hay gente que están en el medio: uno olvida eso después de la propaganda con lo cual nos bombardean.
Querido Jose, por la info que me llega creo que no va a venir el caos tan pronto. Se esperará a los otros estatutos para forzar de manera territorial al gobierno a rehacer la constitución y (ojalá) con todos lo que no participaron en su proyecto. Lo obligarán a ceder.
Sobre lo de negociar los votos. Creo que el estatuto está aprobado y no habrá paso atrás. Era más que un voto por el documento, un voto de reafirmación de la autonomía.
Claro, no es que yo esté muy contento con nuestros líderes. Sabés que no creo en su calidad política (ni humana) y eso creo que es lo que me aflige en todo este asunto. En todo caso hay que seguir con los ojos abiertos y la cabeza también.
En realidad no es tan difícil darse cuenta de lo que -fuera de artilugios políticos y del ardid entro lo legítimo y lo legal- en verdad sucede en el país.
La interrogante es, para nosotros, los que pagamos todas las facturas, el futuro inmediato y el mediano... (a largo plazo ya estaremos muertos).
¿Qué vamos a inventarnos ahora, para llegar, después del puñete, al diálogo?
Se abren algunos escenarios...
Estimado, alegría tenerlo de nuevo por la blogosfera, ya no voy a hablar de la mentada autonomía, quedó pal recuerdo el domingo pasado, solo debo entender ese concepto de la tal unidad nacional que al final no se mide en territorios, no cotempla centralismos ni autonomías, ni medias lunas, ni medias tintas, ni kollasuyos, etc.
La unidad nacional en un sentido amplio, exento de pajeo mental regional implica un sentido de identidad, de pertenencia, de mirarse y aceptarse entre todos los bolivianos.
Tengo fe en ello, un abrazo.
Mon cher Antoine: Que alegría leerte nuevamente y constatar que eres la prueba viva de que la autonomía real existe. Autonomía no es soledad, no debería serlo; en tu caso específico no lo es.
No sé bien como, pero seguimos, pero estamos.
Todos los abrazos de colores
A mi tambien me alegra verte denuevo vertiendo tus adecuadas opiniones. Me agrada ver tambien que tu necesidad de Fe, como vos mismo lo has manifestado que te gustaria, no ha turbado tu opinion logica y objetiva, sino que mas bien la ha agudizado y devuelto al centro..al solitario y tibio centro, desde donde nos tenemos que dar impulso para realizar el verdadero cambio, un cambio basado en la libertad y el respeto. Es que la democracia, a pesar de ser hoy por hoy la mejor de las opciones, no deja de ser motivación suficiente para que ganadores arrasen y atropellen a perdedores. Increible. hasta cuando?
Un abrazo, Emilio T.
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